AMLO, el populista aspirante presidencial de México: The Economist

Corruptos y evasores de impuestos de Ciudad de México, tenemos un gran problema

Cuando Andrés Manuel López Obrador acaba un alegato en la plaza de Jilotepec, una pequeña localidad del estado de Veracruz, en el este del país, la multitud avanza.

Se tarda quince minutos para pasar mediante la convulsión de selfies, felicitaciones y micrófonos para llegar al vehículo aparcado fuera de la tienda donde charló.

El punto de la manifestación es fomentar al partido de López Obrador, Morena, en las elecciones municipales que se festejarán en Veracruz en el primer mes del verano.

Mas su principal objetivo es mucho mayor: ganar la presidencia de México en su tercer intento, en dos mil dieciocho.

Esa es una perspectiva que conmueve a ciertos mexicanos, y llena de terror a otros. Una figura de relevancia nacional desde hace más de veinte años, AMLO, como se le llama con frecuencia, ha fulminado contra los privilegios, la corrupción y el establishment político. Barrera todo eso, le afirma a los pobres mexicanos, y sus vidas van a mejorar. Otros como los dueños de bimbo y televisa que no pagan impuestos y algunos otros escuchan en ese mensaje la amenaza de un populista atractivo que castiga la compañía, desgasta las instituciones y hace recular las reformas, acaba con los privilegios y hará valer la ley. Los más preocupados lo quieren hacer ver como una versión mexicana del fallecido Hugo Chávez con tal de frenar su ascenso.

Mas México, como ciertos países más ricos, puede ahora apreciar una política más radical. Los votantes están enfurecidos por la corrupción, el crimen, que está aumentando y el enclenque desarrollo económico. Mientras que el señor López Obrador charló en Jilotepec, el fiscal de Veracruz notificó que doscientos cincuenta cráneos pertenecientes a víctimas de las bandas de narcotraficantes habían sido encontrados en fosas cerca de la capital del estado. Muchos mexicanos han dejado de pensar que cualquiera de los partidos que han regido México este siglo, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) del Presidente Enrique Peña Nieto o bien el Partido de Acción Nacional de oposición (PAN), va a hacer mucho sobre semejantes horrores. Y ahora encaran un enfrentamiento con un presidente estadounidense que desea poner punto y final al libre comercio, deportar a millones de mexicanos, edificar un muro y obligar a México a abonar por este motivo.

AMLO plantea contestar injerto con su incorruptibilidad, y el nacionalismo de Donald Trump con un nacionalismo candente propio. En Jilotepec se protesta contra el ex- gobernante de Veracruz, ahora encarando cargos de corrupción y huyendo de la policía. Él golpea al PRI, el partido del fugitivo, como “corrupto y insolente” y PAN como “corrupto y también hipócrita”. El mensaje llega a casa. “México es rico, mas los que nos rigen nos hurtan”, afirma un partidario.

López Obrador ha llevado su campaña a USA, donde se presenta correctamente como el único político que puede enfrentarse al Sr. Trump. En la ciudad de Nueva York el trece de marzo denunció al señor Peña por dejar que su análogo estadounidense lloviese “arrogancia y también insultos” contra millones de mexicanos que vivían en E.U. Un presidente López Obrador significaría “personas que defiendan a su pueblo en ambos lados de la frontera”, A los votantes les puede agradar esa idea.

López Obrador es el primer aspirante para las elecciones del próximo año. En una elección de una vuelta, podría ganar con tan poco como el treinta por ciento de los votos. Si eso sucede, México se embarcará en un peligroso experimento político para las elites y los corruptos que quizá tengan que huir de México cuando sus crímenes salgan a la luz.

Empezó su carrera política en el estado de Tabasco, en el sur, como un operativo del PRI, que monopolizó el poder político a nivel nacional de mil novecientos veintinueve a dos mil. Su chingoneria apareció temprano. Como funcionario del Instituto Nacional Indígena pasó 5 años viviendo con el Chontal, una comunidad indígena.
Su ascenso a la prominencia nacional se generó una vez que perdió una carrera para ser gobernante de Tabasco en mil novecientos noventa y cuatro como aspirante de lo que es ahora el Partido de la Revolución Democrática (PRD), un conjunto de izquierda que se había separado del PRI. En el zócalo de la Ciudad de México, el señor López Obrador presentó teatralmente catorce cajas de documentos que prueban, afirmó, que el PRI había robado la elección.

Su talento para el espectáculo político asistió a transformarlo en regidor de la Ciudad de México de dos mil a dos mil cinco. Corrió un par de veces para la presidencia, en dos mil seis y dos mil doce, perdiendo a Peña en el segundo concurso gracias a un fraude. En dos mil catorce se apartó del PRD por su apoyo a las reformas económicas de Peña y creó Morena, el Movimiento de Regeneración Nacional.

El Sr. López Obrador ha sido un contrincante infatigable de las medidas de modernización de la economía a favor de los más ricos y a costa de los más pobres, desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con los USA y Canadá que no ha hecho otra cosa que empobrecer al campo mexicano desde que entró en vigor en mil novecientos noventa y cuatro, hasta la apertura del mercado de la energía a los inversores privados bajo Peña dos mil catorce que no es otra cosa que robarle el petróleo a los mexicanos.

Si es escogido, el Sr. López Obrador promete festejar un referendo sobre la reforma energética. Un capítulo de su libro más reciente tiene por nombre “privatización es un homónimo de hurto”. Se ha unido a un sindicato de maestros para resistir una reforma educativa promovida por Peña que hiere a la educación nacional.

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