Baudelio Camarillo

Florencio López Ojeda

Nació en Xicoténcatl, Tamaulipas. Radica en Celaya. Conquistó en 1993 el Premio de Poesía Aguascalientes, y en 2004, el XVI Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta. Ambas preseas dan testimonio de su dedicación a las palabras, porque como afirma Rubem Fonseca: “escribir es urdir, tejer, zurcir palabras”. De su libro: LA NOCHE ES EL MAR QUE NOS SEPARA, son los poemas que hoy leemos:

¿Y si un día no volvieras?

¿Y si un día dijeras no más pan, no más miel, no más amor, no más días de verano en estos meses previos al invierno?

Hemos edificado, piedra sobre piedra, estas tardes de otoño.

¿Me bastarán sus ruinas?

¿Algo quedará en pie después de todo?

Cuanto más cegadora la intensidad del rayo más fuerte es el estruendo.

Oh, amor, sé piadoso conmigo cuando el fragor estalle: Ya dura varios meses deslumbrando mi piel la luz de este relámpago.

………….

Sinuosas son las olas y la barca magnífica.

En la alta mar de un lecho, en la alta noche, sobre la línea ecuatorial, con velas desplegadas navegamos.

Hemos dejado en tierra, sucios de polvo y miedo, nuestros nombres, nuestra pesada carga de asuntos cotidianos y vamos mar adentro, rítmicamente unidos, cadenciosos.

¿Qué estrellas interiores orientan la proa de nuestra barca?

Negra es la noche y sin embargo tras de nosotros queda una estela de tiempo iluminado.

Tempestad nocturna

Con estruendos terribles se derrumba la noche.

La tormenta se abate sobre esta negra página de agosto y la pared delgada de este sueño yace en ruinas.

Uno tras otro los relámpagos, como latigazos de Dios, cruzan el cielo.

Veo siluetas de árboles luchar a brazo firme, revolviéndose arduos en mitad del combate, porque hay un viento hostil que los asedia.

Ah, la lucha es feroz pero no importa:

lo que importa es la lluvia.

Quedaremos maltrechos, desfallecidos casi, malheridos, pero tendremos agua en las raíces.

III

Colgado de la rama más fuerte del almendro se mece el columpio de mis hijos.

La tempestad lo impulsa como un péndulo para medir el tiempo de estas horas terribles.

Ellos, en tanto, duermen con los ojos abiertos hacia un cielo más limpio.

Nada saben aún de la noche del hombre ni de la tormentosa oscuridad que a veces nos sacude.

Ah, la tempestad, te ofrezco frutos tiernos y ramas de naranjo, a tus rayos ofrezco mis más altivos árboles, arranca de raíz lo que pacientemente he cultivado, haz estallar mi corazón como un fruto maduro contra el suelo, destroza mi jardín, pero no turbes el sueño de mis hijos.

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