Destellos de Vida

El Corazón Escurre.

Saby Cash

En la noche plateada, con la Luna acompañándola,

visualizando el ultimo destellos del ardiente Sol,

que desnuda con su adiós y da paso a la frescura,

a la sensación de alivio y de tranquilidad.

La noche apaciguada por el centellear de la luciérnagas,

del vuelo de las golondrinas y un canto de alguna gaviota.

A lo lejos se escucha el ladrido de los perros, los grillos

brincan y se apacionan con su canto.

Canto que a ligera la penas, aumenta la soledad;

llena de brillo y de oscuridad; a aquélla alma que camina

suavemente ágil, segura, angustida, pero, llena de dolor.

Con la mente lejana, con el corazón fuera de su sitio,

con la tranquilidad alborotada, con la boca seca, con

la piel tostada por el sol… camina despacito, cómo no

queriendo dejar huella en aquella playa solitaria.

Ella está sola, Él no llegó. No llegó el amor de su vida.

Cñómo alguna vez lo expreso, y lo dijo con el corazón

alborotado de la emoción.

Cuándo se sentía feliz, sonreía y alzaba la voz del

pensamiento y exclamaba al Cielo pidiendo por él.

El barco partió y el nunca volvió. Se llevo a su amado

a tierras lejanas y conflictiva.

Se fue para siempre, con la lejanía de una noche sin fin.

El corazón le escurre de deseo, de sus ojos brotan la tristeza

que se mezcla con la calma de las olas del mar.

Llora, y su llanto son cómo pequeños cristales, que se le

encaja cada vez más al suspirar por su amado.

Pelea con la vida, y le reclama diciéndole, preguntándole,

el porqué se encapricho en quitarle el amor de su vida.

El amor de Ella, voló al lejano  Oriente, el  Ejército,

lo envió a la Gulerra.

Nunca más volvió. No se supo nada de él,

no encontraron su cuerpo Y Ella sola se quedó…sin él y

con el corazón destrozado por el dolor.

El corazón le escurre de deseo; de salir a buscarlo

de encontrarlo, y decirle, de cuánto le ama.

Llora y se siente sola, triste, y camina como sonámbula

Se siente cómo aquél barco a la deriva, que se perdió

en el mar. Y nunca mas regresó.

Grita de desesperación, clama piedad y dice:

Señor mio, Tú que alguna vez compaginaste mi alma

con la de él, Tú que lo diseñaste para mi.

Tú que me regaste la felicidad a su lado,y con él

aprendí a jugar el juego llamado “Amor”.

Hoy te pregunto: ¿Puedes llevarme a su lado y permitirme

abrazarlo, aunque, sea por unos minutos?

Por favor ten piedad de los dos.

Ayudame.

El tiempo paso y ningún mensaje recibió.

Y Ella sigue el camino de la soledad y del do!or.

Dolor de no saber nada de él, y del no poderse despedir.

Suplica, llora al Cielo, más éste no le responde.

Ella esta suspendida entre la vida y la muerte.

Navega con la Bandera del dolor, del olvido, del perdón

pero, con el corazón que le escurre de amor.

El deseo le escurre por todos lados,  éste salpicando

va, por doquiera que pasa.

Y a pesar del tiempo transcurrido, Ella sigue

anclada en aquella bahía.

Y con el corazón escurriéndole de deseo.

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