Destellos de Vida

La Rosa del Desierto.

Saby Cash

Gritos en el silencio.
Un grito desesperado y desgarrador,
Que sale de la casa tenebrosa.
Era la única casa, que existía en aquél lugar.
Lugar solitario, y árido.
No hay vida, solo soledad.
Alguien grita, llora; ella no puede hacer nada.
Se encuentra amordazada, encadenada,
sucia y llena de terror.
De su garganta solo salen, sonidos, ruidos de todo,
menos el grito, que ella quiere gritar.
Grita en silencio, en aquella noche tenebrosa y
moribunda.
Se ató al dolor, se ató en el silencio del desierto.
Y ató en el silencio a su corazón, para
qué éste no sufra.
Demonios rondan dentro de sus miedo.
Esa mujer que sufre en el silencio  de sus pensamiento.
Era una mujer educada, llena de moral,
de buenas costumbres, además muy hermosa.
Una dama en toda la extensión de la palabra.
Vivía enamorada del amor.
Se dejaba guiar por sus hermosos sentimiento.
Guardaba su pureza, cómo un Rey cuida su corona.
Su porte y sensualiada, eran admirados por todas
las personas que la conocieron.
Un día trágico.
Un hombre infame, cruel y sin escrúpulos,
pero, lleno de odio.
La raptó, se la llevó lejos de casa, de su familia y amigos.
La golpeo, la ultrajó sin piedad.
No quiso escuchar las suplicas de ella.
Lastimó su cuerpo, su alma.
Se burlaba de ella.
Cada día la humillaba, por las noche
sufría todas la vejaciones de ese desalmado.
La encadeno con crueldad, lastimando sus tobillos
y sus bellas manos.
El espíritu indomable que la caracterizada,
la mantenía de pie, y llena de orgullo.
Él criminal, abusaba de ella,
pero nunca pudo tocar a su limpio corazón.
Ese hombre se vengó de la chica,
porqué lo rechazo, porqué no lo amaba.
Y el cobarde la destruyó día a día…sin piedad.
Cada vez que él salia, ella gritaba en silencio.
Pero nadie viene en su ayuda.
Encerrada en esa pocilga, desfallece de dolor,
hambre, frío y una terrible soledad.
Esa mujer, que fue muy hermosa,
ahora es un guiñapo.
Se volvió parte  de escenografía de la terrorífica casa.
-Ella le grita a Dios, y le dice: Llevame, Padre Mío.
No aguanto tanta tortura.
Apiadate de mí.
No tengo vida, ni corazón.
Mi alma murió desde aquél día, fatídico para mi.
El tiempo, paso lento, suave, sin temores y sin
ningún remordimiento,
también, él se burló de ella.
Ella murió , en ese sucio lugar.
Pero en su rostro había, una sonrisa hermosa.
Sonría, porqué al fin, llego su libertad.
Voló alto, hasta que encontró su alma vagabundeando
Por los espacios solitarios, de la sombra de la muerte.
Recuperó su existencia
Ya no grita en silencio.
Sufrió como una condenada.
Pero, hoy es feliz, en otro mundo,
otro espacio.
Se convirtió en la Rosa del desierto.
Hoy, es admirada, cuidada y valorada.
Su espíritu vive dentro de la rosa del desierto.
Y es feliz.

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