El impulso fallido

Bárbara Botello

A principios de marzo de 2015 firmé las escrituras de la Plaza de Gallos para que ésta se incorporara al patrimonio de la ciudad. La adquisición requirió invertir 7 millones de pesos; esta cifra representó un gran esfuerzo porque en ese entonces el gobierno del estado no apoyaba a León.

Precisamente por eso llama mucho la atención cómo a la vuelta de los años el gobierno de Miguel Márquez voltea a ver la Plaza de Gallos… pero no para invertir, sino para estampar el logotipo de su gobierno en el cartel donde se da cuenta de la inversión federal para la remodelación de este recinto cultural.

Es claro que se quieren colgar de la obra. El mismo cartel lo dice: la inversión es 100% federal, cero pesos del estado. ¿Por qué entonces incluir la imagen del gobierno de estado? O peor aún, ¿por qué estampar también el logotipo del programa Impulso Social?

Que quede claro: el rescate de la Plaza de Gallos nada tiene que ver con el programa electorero Impulso, con el que Miguel Márquez quiere posicionar a su delfín, el secretario de Desarrollo Social y Humano, Diego Sinhué Rodríguez Vallejo.

Parecía que la estrategia del gobierno para impulsar a Diego consistía en pintar edificios y, cual inmueble público, plasmar ambos logotipos: el que usa el secretario para promoverse, y el de la errática administración estatal. Ahora vemos que no ha sido suficiente y que recurren también al uso de colores y logotipos pero para saludar con sombrero ajeno. ¿Tan mal andan?

Resulta irónico que las grandes obras que conseguimos para los leoneses durante mi gestión sean calificadas por los panistas como “obras de relumbrón”. Pues bien, el rescate de la Plaza de Gallos fue también una de las prioridades de mi gobierno… ¿es también una obra de relumbrón? ¿o solo cuando les conviene?

Por supuesto que hoy presumen la tercera y cuarta etapa del Sistema Integrado de Transporte (SIT); incluyen ambas obras en sus informes oficiales, alzándose el cuello, pero ni por error mencionan en qué administración se gestionaron los recursos que hoy hacen que proyectos como estos sean una realidad. Seguramente pronto veremos a Diego paseándose en las orugas, diciendo que los avances del SIT son gracias a Impulso.

Situación diferente sería si el gobierno mostrara un interés real en estos proyectos, y en lugar de enviarnos su logotipo y litros de pintura azul y blanca, nos envíe recursos para acelerar la restauración de la Plaza de Gallos, o construir más escuelas Vanguardia. Y entonces sí, píntenlas de azul si quieren, porque en realidad son obras que valen la pena.

¡Nos leemos la próxima semana!

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