El recaudo

Arturo Miranda Montero

Se nos llama contribuyentes a quienes damos dinero al gobierno para que éste se financie. Pagamos lo que se nos impone para producir el efecto de gobernar.

Cada año, los gobierno nos cobran y reciben nuestro dinero que, se supone, queda a buen recaudo en sus manos, mismo que van a utilizar en sus políticas públicas para nuestro beneficio. Recaudan dinero privado para gastarlo en cosas para todos.

Para cobrar, las administraciones públicas organizan los sistemas que les den más y mejores montos; el problema se presenta cuando esos sistemas y esas administraciones son ineptas.

Hacernos esperar largo tiempo en filas, colas y turnos es despreciar nuestro carácter de ciudadanos; no contar con las herramientas y el personal necesarios es despreciarnos; tener que ir de oficina en oficina para ser atendidos es humillante; imposibilitar las nuevas tecnologías para allanar trámites es signo de obsolescencia cuando no de dejadez administrativa. Total, si nos han de imponer y cobrar, de cualquier manera tienen a la mano sanciones y multas de las que difícilmente podemos escapar.

Cuando se escuchan las palabras que los contribuyentes lanzan contra los gobiernos en esas largas esperas, sobresale el lugar común: bola de rateros, ¿para qué quieren dinero? ¡para robárselo! Ese es el estigma y la etiqueta de toda administración pública en nuestro tiempo mexicano. Pero, ¿deveras será para raterías o desperdicios? No sabemos bien a bien, porque las administraciones públicas están privatizadas, son de quienes las ocupan y se niegan a la transparencia y a la rendición de cuentas.

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