Frente Amplio para empujar en serio la transición interrumpida

Miguel Alonso Raya

 

A pesar de los triunfos electorales de la oposición, la manifestación del hartazgo social, la pérdida de credibilidad del actual gobierno y de quienes presumen que pueden ganarle solos al PRI en el 2018; lo cierto es que excesos de confianza como éstos sólo favorecen al grupo en el poder y a este partido, los cuales no dudarán en repetir el esquema que les funcionó en el Estado de México para ganar las elecciones presidenciales del próximo año.

El problema es que el dinosaurio ahí está y lo que la oposición no alcanza a dimensionar todavía es que no debería menospreciar ninguna posibilidad de unir  todas las fuerzas que sea posible para derrotarlo.

No se trata, en modo alguno, de asumir una actitud pragmática en aras de ganar sino de establecer un conjunto de compromisos para cambiar de fondo el país mediante un programa en torno a cual se agrupen las fuerzas políticas que decidan acompañar esta iniciativa.

De alguna manera así se conformó el Frente Democrático Nacional que encabezó, en 1988, el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. No se le puso pretexto prácticamente a nadie, aunque muchos fueron adversarios durante años y se ubicaban en polos opuestos de la política.

Y por supuesto, el mayor gesto de conciliación, generosidad e interés por la unificación de las fuerzas progresistas, fue el del Ingeniero Heberto Castillo, quien ya era candidato del Partido Mexicano Socialista (PMS) a la presidencia de la República y declinó en favor de Cárdenas.

Fueron admitidos todos los que estaban dispuestos a participar en lograr la gran hazaña de derrotar al PRI y romper su hegemonía. Sólo el tamaño del fraude y la dimensión de la violencia que el gobierno desplegó para mantenerse en el  poder, frenó la alternancia en ese momento.

Con una estrategia, método y disposición semejante se  debería conformar el Frente Amplio, que debe ser encabezado por un candidato  que reúna el consenso de los participantes e integre a todos los que estén dispuestos a cambiar el régimen, al sistema político, combatir de fondo la corrupción e impunidad y atender las causas que están provocando el hartazgo social. En síntesis, a transformar el país.

Se trata de sumar esfuerzos para empujar en serio la transición interrumpida. Si bien en el 2000 se logró la alternancia, la transición no se concretó porque no hubo disposición para definir un nuevo pacto político y social que permitiera desmantelar las bases del régimen que se mantuvo en el poder durante siete décadas.

No se democratizaron las instituciones, persistió el presidencialismo, patrimonialismo, corporativismo, clientelismo y la falta de contrapesos entre los poderes de la Unión. Todo el entramado que facilitó el control del partido hegemónico se mantuvo intacto. Además de la desilusión y  fracasos de los gobiernos panistas, estos fueron algunos de los factores que permitieron el retorno del PRI a Los Pinos.

Lo que pasó en las elecciones del 4 de junio no deja de ser una expresión del viejo régimen, de ese al que toda la oposición debería mostrar voluntad genuina para derrotar y desmantelar sus estructuras; profundizando la vida democrática para que haya referéndum, plebiscito, revocación de mandato, iniciativa popular y democracia participativa.

No hay que minimizar esta realidad, porque si la oposición permite que se repita el esquema de ir dividida como sucedió en Coahuila y el Edomex,  indiscutiblemente que se va a prestar consciente o ingenuamente a que el PRI pueda ganar en 2018,  aunque sea con una votación precaria.

Por eso la insistencia en flexibilizar posturas, actitudes soberbias y frívolas como algunos personajes de todos los partidos opositores que de forma categórica asumen que sólo ellos podrían ganar.

Estas visiones no ayudan a la construcción una amplia alianza política que sea capaz de convertirse una opción real para ser gobierno. Al contrario, en los hechos, se colocan como aliados de la estrategia gubernamental, el partido oficial y de los intereses que han propiciado la corrupción, inseguridad e impunidad.

En este contexto, hay que apostarle a la construcción de una fuerza política, un candidato a la presidencia y otros aspirantes a distintos cargos, que tienen que ir acompañados de un programa en el que la sociedad, y en especial los jóvenes, confíen para que participen con entusiasmo en esta iniciativa.

Con medidas parciales, polarizando, dividiendo, descalificando no será posible lograr el gran viraje que demanda la nación. La segunda vuelta, en la que algunos están encaprichados, no es la solución mágica. En otros países, como en Francia por ejemplo, funciona porque forma parte de un sistema integral, a través del cual se busca dar mayor legitimidad a los poderes y conformar coaliciones electorales y de gobierno para generar gobernabilidad.

Andrés Manuel y Morena ya tomaron su decisión, que asuman su responsabilidad política. Para nosotros el adversario real a vencer es el gobierno y su partido y por ello vamos a impulsar la construcción del Frente Amplio Opositor y convertirlo en una alternativa electoral y de gobierno  de todos los mexicanos que anhelan un cambio.

Twitter: @AlonsoRaya_

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