La Guardería Nacional

Gabriel Ríos

Ingrato recuerdo y cívica indignación, todavía laten en muchos corazones mexicanos por el caso del incendio de una guardería en el Estado de Sonora en el sexenio calderonista, con la muerte de muchos niños. Ni la concesionada por el IMSS, ni el gobernador de ese Estado en aquel entonces, pasaron por las salas de la Justicia (“la Sala del Crimen” diría Don Cuco Sánchez). Cuando se quiera hablar de corrupción e impunidad en nuestro país, ese ejemplo siempre estará a punto. El incendio fue, presuntamente, iniciado en un inmueble anexo para desaparecer archivos “incómodos” para las autoridades civiles. La ignorancia, el descuido y el egoísmo no previeron las secuelas de una acción dolosa que terminó en un crimen múltiple culposo.

De Peña Nieto para abajo se defienden diciendo que la corrupción es un rasgo cultural mexicano. Atrás de esta verdad a medias, se esconde el miedo de la población a la dicotomía “¿plata o plomo?”. A veces no se arriesga la vida pero si la subsistencia familiar, como cuando un chofer viola alguna regla de tránsito y da “mordida” porque si no puede perder la chamba.

La Guardia Nacional, por lo general es un grupo de personas voluntarias que acuden en auxilio del gobierno para casos especiales, sean fenómenos naturales, violencia social, etc., legalmente provistos con armamento. En México, esas tareas le corresponde a nuestro Instituto Armado, aunque Fecalin les endilgó la chamba extra de “hacer la guerra al crimen organizado.”

Aparentemente, el Ejecutivo confunde la Guardia Nacional (actualmente inexistente)1 con la Guardería Nacional, es decir, actúa como si los mexicanos fuéramos lactantes y párvulos que nuestras madres les han tenido que confiar ante la imposibilidad de hacerlo ellas mismas. Si nuestro Pueblo fuera culturalmente corrupto no tendríamos una Nación. Las estadísticas demuestran que la gente pobre es más cuidadosa con sus escasos recursos y más solidaria con sus iguales (aunque el robo sea un recurso demasiado frecuente cuando las cosas se ponen difíciles). Si por acaso terminan de sicarios, es lo mismo que con los limosneros: es dinero más rápido y más abundante que el obtenido por medios honrados y esforzados.

En breve, nos tratan como menores de edad, son corruptos con nuestro patrimonio, y de ribete nos embarran con que somos un pueblo “culturalmente” corrupto. ¡Por favor, señores políticos, burócratas y demás engendros y beneficiarios de la corrupción! Cierren ya la Guardería Nacional antes de que algún pillo o grupo de pillos la incendien y nos lleven al baile. A cambio, formen la Guardia Nacional, que por cierto me recuerda a aquellos “policías de esquina” de los años 50, que vigilaban bien el sueño y el patrimonio de los vecinos de cada cuadra y quienes, en época navideña, recibían frases de cariño y regalitos materiales de sus protegidos.

1  https://definicion.de/guardia-nacional/

Por guardia nacional, entonces, se entiende al cuerpo equipado con armamento que existe en diversas naciones, con determinadas atribuciones y facultades que varían según la región.

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