Longitud

Ha, ha, ha

  1. Antonio Lavín Maldonado

Un grupo de caníbales acaba de comerse a un sabio; entonces uno de ellos comenta -no hay duda, el que sabe sabe. Un señor llega al doctor con su bebé en brazos -Doctor,  mi hijo tiene 6 meses y no abre los ojos. El doctor le hace un chequeo al bebé y le dice al padre -Señor, el que debe abrir los ojos es usted, este niño es japonés. En el aeropuerto un empleado llama a una dama -¡Señorita, nos informan que su avión viene demorado! –Ay qué lindo, es mi color favorito. En el restaurante, un hombre llama al empleado -Mesero, ¿qué come el niño de esa mesa? -Lo están amamantando señor. -Tráigame lo mismo.

Reír es salud, se han comprobado los muchos beneficios que la risa brinda al cuerpo; cuando reímos nos liberamos, activamos muchos músculos, respiramos mejor, la sangre se oxigena, el sistema inmunológico mejora, nos ayuda a relacionarnos con los demás, entre muchas otras virtudes. Hablar de risaterapia sería casi un pleonasmo, pues la risa es por sí misma una terapia. Muchas culturas ya conocían estos beneficios; los médicos de la risa existen desde hace miles años; civilizaciones como chinos y mayas conocían las bondades de la risa y tenían personajes dentro de la sociedad cuya labor era hacer reír a los pacientes que lo necesitaban.

Durante la segunda mitad del siglo pasado, la risa como terapia cobró un nuevo auge debido a las aportaciones del Dr. Hunter “Patch” Adams, que desde sus años como estudiante de Medicina descubrió las mejorías que una dosis de carcajadas producían en los pacientes. En nuestra ciudad han existido varios grupos que se dedican a visitar hospitales y clínicas llevando la alegría a donde hace falta.  Una labor de la que podemos aprender, ya que muchas veces el lugar donde más alegría falta es en nosotros mismos. Dicen que el buen humor es también una forma de inteligencia, aunque creo que también podríamos considerarlo como uno de los sentidos que no  tomamos en cuenta, pero igual necesitamos, así como hay sentido del gusto, hay sentido del equilibrio y sentido del humor.  Los niños ríen más que los adultos, parece que al crecer nos convencen de que madurar es sinónimo de amargarse. Los adultos han sido adulterados por el sistema que cambia las carcajadas por caras largas y actitudes graves para ser aceptado y tomado en serio por los demás; sin embargo, en cada adulto yace el recuerdo de un niño que aún tiene mucho por sonreír, ¿cuándo fue la última vez que te reíste a carcajadas? ¿Qué cosas te hacen reír?  Todos tenemos algo que nos produce alegría, vamos a practicar el deporte de las carcajadas más seguido y compartámoslo, pues gracias a Dios reír también es contagioso, estoy seguro de que si todos comenzamos a reír  disfrutaremos más cada día. Hasta pronto.

Related posts