Los candidatos zombis de Guanajuato

Hasta ahora los candidatos a la gubernatura no impactan, sus mensajes son vacíos o superficiales; parece que solo juegan a la política y que no se dan cuenta de las cosas que ocurren a su alrededor

Arnoldo Cuéllar Ornelas

Nada como la elección nacional: el peligro de Andrés Manuel, el enojo con el PRI y Peña, la impaciencia porque Anaya no da el salto, todo eso nutre los comentarios en las tertulias políticas de Guanajuato. Pero nada emociona de Diego Sinhue, de Gerardo, de Sheffield, ya no digamos de Camarena y Bertha.

Para empezar, las campañas de los candidatos a gobernador carece de continuidad. dominan en las agendas los grandes vacíos, las actividades privadas, los silencios.

Las campañas también carecen de ideas.

Que la apuesta más arriesgada de un opositor sea decir “que tiene pantalones”, nos habla de una pobreza de conceptos, de imaginación, de perspectiva de género y también de lenguaje, aunque el INE valide los spots de Gerardo Sánchez, el priista solitario.

Que Diego Sinhue Rodríguez exponga cada inicio de semana un planteamiento programático de su plan de gobierno, huele a reunión del Iplaneg, a burocracia, un tufillo de “aquí no pasa nada”, como si se tratara de la campaña de Corrales Ayala o de Velasco Ibarra, allá en el siglo veinte profundo.

Que mientras el estado se desfonda en el tema de la seguridad, el puntero de las encuestas hable de más carreteras y un nuevo aeropuerto, suena a evasión, sobre todo cuando hacen falta más y mejores policías.

Ricardo Sheffield se mueve como panista en el caparazón de Morena. Ni es cabalmente chairo, pero si ha perdido filo como conocedor de las fallas del sistema del que viene. Corre el riesgo de perderse en la vacuidad, en la estridencia, si no es que ya ha pasado.

Los otros dos candidatos navegan al filo de la intrascendencia, sorbe todo porque se perciben muy conscientes de su papel periférico en la contienda, no logran anclarse en el debate, lo que suena paradójico en el caso de Felipe Camarena, pues sus apariciones distan años luz de la densidad que suele tener Beatriz Manrique cuando interviene en polémicas con el estamento panista, algo que no se ha visto últimamente.

Quizás, y no muy en el fondo, los partidos que alternan con el PAN han asumido que esta vez no tienen posibilidades de competir seriamente. Quizá, y no muy en el fondo, el candidato panista sabe que ganará y está paralizado por la magnitud de la responsabilidad que le tocará asumir.

Y, como consecuencia, en las campañas no está ocurriendo ningún debate a fondo sobre la realidad de Guanajuato en este momento, sobre las verdaderas causas de la inseguridad, sobre el crecimiento desigual, sobre la corrupción rampante en el gobierno que termina.

Esa no es una buena noticia para una sociedad que se quiere ver a sí misma como pujante, emprendedora y participativa. Veremos si el debate que se realiza esta semana empieza a cambiar esta percepción.

Desde luego, eso dependerá, única y exclusivamente, de que los candidatos rompan con el pasmo de no creerse la importancia de la tarea que han asumido, para que asuman el rol que han elegido voluntariamente de buscar la representación de sus conciudadanos para ejercer el cargo de mayor preeminencia en nuestra estructura política.

En síntesis podríamos decirles: ya no jueguen a las comiditas, pónganse en serio a cocinar.

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