Merienda en el caño

 Arturo Miranda Montero

Cierto que somos fodongos, pero organizar un tianguis, tratar cadáveres secos y montar mesas para tragar miasmas (olor pútrido que contamina el aire) en la cloaca histórica de Guanajuato es otra cosa.

Como es verdad que en el gobierno municipal son ignaros, debemos advertirles que la cañada ha sido un vertedero de todo tipo de aguas. Que la maravillosa calle Hidalgo es un río al que le caían la aguas pluviales, las usadas por la minería, las humanas y todo animal muerto; así fue que por siglos se gritó: ¡aguas! al caerle. Aguas miasmáticas fluyen todavía superviviendo por largo tiempo (dormancia) en condiciones adversas “…los miasmas pueden ser considerados como una parte volatilizada de los cuerpos que los producen. Así como los vemos los miasmas pueden pertenecer a dos grandes grupos: a los cuerpos inorgánicos o del reino mineral y a los cuerpos orgánicos animales o vegetales, los más peligrosos son los provenientes de los animales…” Son, en definitiva, “efluvio maligno que desprendían cuerpos enfermos, materias corruptas o aguas estancadas” (Real Academia Española, 2006). ¿Por qué creen que la ciudad, y en particular, la subterránea apestan?

Gobernar es procurar que los gobernados no sean afectados para mal. Con las ocurrencias esas de meter a miles de personas al túnel que contiene al viejo río, lo único que se hace es exponerlas a la “contagiosidad y transmisibilidad de enfermedades por medio de los miasmas”. La salud pública debiera contar ya con los estudios que demuestren qué tipo de bacterias tenemos entre nosotros, bacterias que se relacionan con el hombre como agresoras para el mismo.

Ojo, el método ocurrencial de “gobernar” da cagadal y estupidez.

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