Juan Hernández octubre 7, 2018

G. Saúl García Cornejo.

El voto, constitucionalmente, es decir, formalmente, es libre, secreto e individual, como premisas democráticas de relevancia.

Es un derecho, y para algunos, al mismo tiempo una obligación. Esto último es tangencial: Y lo demuestra el abstencionismo como fenómeno volitivo en cualquier democracia, que además tal omisión carece de sanción o coerción, por lo que no será así una obligación legal en realidad.

¿Entonces, se trata así de una ficción jurídica?

Poco se analiza en los corrillos ciudadanos, uno de los efectos de la decisión ciudadana electoral y se trata de la derivación psicológica. De ahí que es válido aceptar la influencia –cada día más álgida- de los medios de comunicación, sean oficialistas o privados, incluidas las vertiginosas “redes sociales”. Los dos primeros, estarán con los detentadores del Poder Público y/o económico-social. La razón más simple: Su propia supervivencia, sobre todo hoy, con el “hueco” que han socavado los internautas en un afán de protagonismo e interacción, por burdo que parezca, en los asuntos políticos.

El fenómeno de las “redes sociales”, han marcado una pauta en la manera tradicional de la comunicación social. Los operadores inicialmente, son neófitos en materia de comunicación, no tienen hasta ahora reglas escritas, sin embargo y por ironía tal vez, se han vuelto “influyentes” hasta sin proponérselo. Pero, ojo, los comunicadores y políticos profesionales, ya lo hacen o aprovecharán al máximo la influencia de este nuevo estilo de información instantánea, para su beneficio, pero muy especialmente para desinformar acerca del perfil de todo político que sea impresentable, sin un maquillaje “mediático”, o para combatir a sus oponentes. Un ejemplo muy descriptivo de esto, ha sido uno de los hijos de Felipillo Calderón, que se dedicó a denostar, sobre todo al entonces candidato de la coalición “juntos haremos historia”, así como a sus seguidores. Abusando de las “redes”.

Lo anterior nos pone a concluir que el poder de los medios de comunicación, va en aumento, sin perjuicio de la veracidad o la certeza de la información que transmiten, o incluso de su intención a la vista o soterrada.

Un caso que racionalmente se debería considerar atípico, es por ejemplo, el protagonismo –por insulso o bufonesco que resulte- de personajes como el neocacique de San Cristóbal, Guanajuato, que está dedicado conscientemente, a estar dando opiniones sin ton ni son, pero teledirigidas al perjuicio del excandidato presidencial que resultó a la postre, ganador. Ambos personajes, cada cual desde su particular trinchera, aprovechan la resonancia mediática y que de algún modo repercutió psicológicamente en cierto electorado, algo así como “la venganza de Moctezuma”, sobre todo con el pellizco que significa quitar la “pensión” al grotesco “paladín del cambio” en el 2000, que ahora como la muñeca fea… “llora que llora, por los rincones”.

El telón de la desinformación, aunque denso y pesado, va corriéndose cada día, en otra reacción del fenómeno de la información masiva casi inmediata: La internet, con todo y sus bemoles de riesgo y peligro de la superficialidad.

¿Qué opinan, estimados lectores?

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