Ojos bien cerrados

Márquez confía “a ciegas” en Carlos Zamarripa y Álvaro Cabeza de Vaca, aunque ya es de los pocos que lo hacen, ante el feroz incremento de la violencia y la inseguridad en la entidad

Arnoldo Cuéllar Ornelas


Hace algunas semanas, a propósito de la polémica surgida en torno al confuso caso de la muerte de tres niños en San Miguel de Allende, como resultado de un fallido operativo policial, el gobernador Miguel Márquez tomó un decidido partido por las versiones de su Procurador de Justicia, produciendo una de sus frases de antología: “Tengo confianza ciega en Carlos Zamarripa”.

En realidad, ni siquiera era necesario que el mandatario realizara tal confesión de parte. Su actitud en torno a los temas de seguridad y justicia en Guanajuato, a lo largo de 4 años y medio, ha reflejado no solo que su confianza es ciega, sino que en esas materias el máximo responsable de la política estatal tiene los ojos bien cerrados a cualquier otra versión de los hechos que no sea la de su procurador.

Y decimos su procurador porque aunque hay un secretario de Seguridad, para efectos prácticos en Guanajuato se vive ya el mandó único a nivel estatal: En el tándem de la seguridad hay un jefe y un subordinado y opera el derecho de antigüedad.

Así que incluso las versiones que pudiera tener distintas el secretario de seguridad, como ocurría en el pasado, ahora pasan por un solo tamiz, el del Procurador Carlos Zamarripa, quien hace conocer al gobernador una verdad única, de acontecimientos que siempre tienen diversos ángulos.

Así, hemos llegado a escuchar de parte de Márquez descalificaciones a las cifras y los análisis del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. También le hemos oído reclamar que la responsabilidad del auge delictivo es del gobierno federal o culpa de los municipios.

Con ese convencimiento, al que lo llevan los cortes informativos de su procurador de justicia, el gobernador Márquez se cierra a cualquier posibilidad de analizar el desempeño de sus propias estructuras de seguridad.

Esa conducta, sin embargo, no es gratuita, pues tiene un cadáver guardado en el closet. Ya lo adivinó el lector. Se trata del proyecto más presumido en su etapa de venta y el peor fracaso del actual gobierno en resultados: el programa de vigilancia tecnológica llamado Escudo.

Escudo fue un proyecto del que convencieron a Márquez Álvar Cabeza de Vaca y Carlos Zamarripa cuando estaba recién desembarcado como gobernador.

A la persuasión no fue ajeno el entonces ubicuo financiero de la campaña y compadre del gobernador, Rafael Barba Vargas, quien incluso se coló a un viaje realizado a la capital norteamericana junto con los dos funcionarios de seguridad, el Secretario de Finanzas, Ignacio Martín Solís y el propio gobernador, invitados por la empresa proveedora, Seguritech.

El entusiasmo con el que Márquez abrazó esa causa se extraña hoy cuando se vive una abulia y la absoluta falta de generación de nuevas políticas contra la creciente inseguridad en el Estado.

Aquella campaña de varios meses para convencer a ciudadanos, a medios, a opositores legislativos, a dirigencias de partidos y a núcleos empresariales de las b bondades de Escudo, no tienen un correlato hoy para explicar con claridad y con transparencia las causas de la falla del programa vendido casi como milagroso.

Hoy, cuando hacen el favor de responder preguntas, Zamarripa y Cabeza de Vaca afirman que Escudo no iba a servir para todo. Sin embargo, cuando lo vendían como predicadores televisivos, aseguraban que era la fórmula perfecta para “blindar el estado”.

Pues bien, el estado no está blindado, la penetración del crimen organizado es la mayor de la historia y la violencia asociada a ella también. Pero, como ni siquiera hay un diagnóstico de dónde se encuentran los fallos y las autoridades se aferran a su visión idílica de que todo es perfecto, estamos perdiendo un valioso tiempo para retomar el camino.

Con sus declaraciones de confianza ciega en sus funcionarios del áreas de Seguridad, ya muy poco podemos esperar del gobernador Márquez en los 18 meses que le quedan. Una vez más, un gobernante que llega estableciendo compromisos con la sociedad que confió en él, le da la espalda por dificultades o compromisos.

Cuando rindió juramento al tomar el cargo, el mandatario recitó las palabras emblemáticas: “… si no cumplo, que el pueblo me lo demande”. Ha llegado el tiempo.

Related posts

Leave a Comment