Reeleccionistas tragacuandohay

Arturo Miranda Montero

Como si fuera manda a San Juan, la peregrinación de quienes se quieren reelegir atropelló al sentido común.

¿A poco sí la hicieron en su encargo actual?, ¿creerán que no los vimos hacer, deshacer y dejar de hacer?, ¿los partidos de plano ya cerraron puertas y ventanas para que nadie más se les meta?

Es cierto que la realidad uno la interpreta con las herramientas que la vida va dando, pero si algo ha quedado evidenciado entre nosotros es que quienes se meten a la cosa pública no tienen alcances más allá de su nariz. Su “realidad” no es la nuestra. Por eso el abismo que se ensancha y ahonda entre la política y la vida diaria. Ora que no solo es trácala y media lo que hacen, también son estúpidos en el poder. Eso es más oneroso para nuestra convivencia: pura ocurrencia costosa y derroches en pendejadas administrativas, de obras y legislativas.

Cuando los partidos políticos postulan a sus gentes para los cargos, la teoría señala que ellos nos representarán, que tienen rumbo a donde dirigirnos y que sus actos serán decisiones nobles para que vivamos en paz. Pero la práctica no avala eso. Demasiada gente inútil para trabajos productivos se mete a copar los espacios partidarios y los de elección con una mira sencilla: enriquecerse rápidamente. Si deveras los partidos pensaran en nosotros, tendrían que estar haciendo un examen interno para saber si sirven o no a los intereses ciudadanos o de plano se aceptan como meras agencias de colocaciones para los cuates y las cuotas. En cualquier caso, nuestro voto va a contar.

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