Reflexión ciudadana

Meade en la apertura priista

Tomás Bustos

La reforma a la normatividad priista que hizo posible la inclusión del doctor José Antonio Meade como prospecto a ocupar la candidatura a Presidente de la República, abre un espacio para incursionar de lleno en la apreciación del mérito como condición para postular candidatos.

Seguramente los partidos recorrerán algún camino antes de encontrar una fórmula infalible para elegir sus candidatos lejos de la ley del más fuerte y sustituirla por el ideal platónico del filósofo rey.

Acercarse y privilegiar al mérito como condición para postular y elegir candidatos, requiere de un gran esfuerzo de reeducación, primero entre la llamada clase política y con mediación de ella, a través de leyes sabias en materia educativa, poner en consonancia a los partidos políticos, para que, libres de simulación, puedan llevar al poder, a quienes sean capaces de servir con pasión la elevada finalidad del Estado.

En México ha sido prevaleciente la figura del líder para llevar a cabo reformas tendientes a perfeccionar la democracia, entendida como forma de vida, fundada en el constante mejoramiento económico social y cultural del pueblo.

Hemos pretendido a través de reformas, extender los beneficios de la civilización y la cultura a capas cada vez más extensas de la población, pero en ocasiones, hemos quedado cortos en la preparación para el advenimiento de estadios nuevos en el proceso evolutivo, por haber promovido reformas fuera de contexto para ser asimiladas por la mayoría ciudadana, dando con ello ocasión a los poderes fácticos de iniciar procesos involutivos al desarrollo social.

La elección de José Antonio Meade como pretenso abanderado priista, abre la puerta, por nuestra proclividad al caudillismo, de iniciar en esta etapa de avanzadas instituciones, un camino en donde la política privilegie al mérito, sobre la inadecuada tendencia que hace prevalecer otros motivos para postular y por ende, elegir gobernantes.

La reforma educativa debe tomar en cuenta este objetivo educacional, comenzando por el respeto a la dignidad del alumno, del profesor y del directivo, como inicio para inculcar entre los responsables de los educandos, conducta ajena a la violencia, con la habilidad suficiente para que los valores formen parte esencial de la conducta colectiva.

Alumnos, directivos y maestros habrán de tener como prioridad, el objetivo de una sociedad pacífica, convertida en campo propicio para la preeminencia del valor, comenzando por el respeto unánime a la ley.

Elegir un candidato con peculiaridades semejantes a las de Meade, es un buen principio, para combatir la corrupción y la violencia que ella engendra. Lo primero: tomar conciencia del daño que causa combatir la vigencia de la ley.

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