Si todo es tan difícil ¿porqué tantos están satisfechos?

Antares Vázquez Alatorre

Para nadie es un secreto que las cosas en Guanajuato no marchan bien. La calidad de vida de los guanajuatenses se ha deteriorado paulatinamente en los últimos años. A pesar de que el gobierno se esmera en presumir avances en materia de desarrollo económico, no hay forma de decir que la vida es mejor para las personas.

Las cifras sobre pobreza en nuestro estado son escalofriantes: cerca del 60% de la población se encuentra por debajo de la línea de bienestar; el 80% de los guanajuatenses exhiben al menos una vulnerabilidad de acuerdo con CONEVAL. Sólo el 20% de los ciudadanos son NO vulnerables.

Guanajuato es uno de las entidades con menores oportunidades educativas; la cobertura en educación media superior deja fuera de toda posibilidad de estudiar a un poco menos de la mitad de los jóvenes en edad de estudiar la preparatoria. En educación superior, el asunto es mucho peor. Se rechazan entre el 60 y 80% de los muchachos que hacen examen de admisión en las universidades públicas.

Se ha denunciado que Guanajuato es de los estados con menores ingresos para las familias. Sí hay trabajo, pero mal remunerado. Muchos trabajadores carecen de prestaciones y de seguridad laboral. En el propio gobierno del Estado hay trabajadores en esas condiciones de precariedad laboral.

Derivado de lo anterior, desde 2014 hemos vivido una escalada de violencia sin precedentes. Cada año es más violento que el anterior. Hoy Guanajuato se encuentra en los primeros lugares en homicidios. También encabeza las listas en asaltos, robos a casa habitación y otros delitos. ¡La gente está aterrada!

Las ciudades están mal planeadas y saturadas por el tráfico; los sistemas de transporte son ineficientes y caros. Los servicios públicos dejan mucho qué desear. Los gobiernos municipales y el estatal han sido omisos en cumplir lo que en campaña prometieron. Nadie escucha a la ciudadanía y sus demandas: son gobiernos de puertas cerradas.

Pero llama la atención que -ante un escenario como el que describo- más del 80% de los ciudadanos se siente satisfecho con su nivel de vida. Las encuestas que miden la percepción de la gente en cuanto a su felicidad,  calidad de vida y  bienestar, evidencian un enorme contraste entre la realidad que vivimos y la percepción de las personas.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Satisfacción Subjetiva con la Vida y la Sociedad, en nuestra región el bienestar subjetivo es de 8.5 de un máximo de 10 y la felicidad es de 8.55 de 10. Los resultados de esta encuesta muestran que las mujeres están ligeramente menos satisfechas, al igual que las personas que tienen un nivel de licenciatura.

En general, la mayor parte de la gente está satisfecha con su  ingreso, con su vivienda y con la habitabilidad de su barrio o ciudad. El 45% de los encuestados considera que el gobierno no influye en su satisfacción vital; sin embargo sí reconocen que  debe garantizar salud, educación, servicios públicos y seguridad.

Llama la atención que el 85% de los encuestados cree que las autoridades de su localidad son corruptas. Pero sólo el 51% se inclina a favor de la democracia; ellos tienen una mayor satisfacción de vida que los apáticos y los que prefieren un gobierno autoritario. Casi la mitad de las personas considera que la felicidad de los mexicanos no debe ser un objetivo del país.

Quienes elaboraron el estudio concluyen que los estándares con los que los mexicanos definen su nivel de bienestar subjetivo son muy bajos. La sociabilidad es limitada al ámbito familiar; mucha gente cree que sus amigos no son recíprocos y el 42% no tiene empatía con las personas de su ambiente social. La mayor parte de la gente tiene escasas actividades de esparcimiento.

Los ciudadanos reconocen que están insatisfechos con las acciones de gobierno. Las quejas principales son la corrupción y que no se sienten escuchados o tomados en cuenta. Esto contrasta con la gran cantidad de personas que sostienen que el gobierno influye poco en su satisfacción de vida.

Entonces, si muchos reconocen que las cosas no marchan bien ¿por qué se muestra un nivel tan alto de satisfacción con la vida? ¿Por qué la gente se conforma con tan poco? Es fundamental aprender a vernos como merecedores de una buena calidad de vida. Cuando no se tienen los satisfactores de bienestar, es necesario resaltar la necesidad de hacerlo.

Durante décadas, muchas personas han vivido como lo hacemos hoy; la gente se ha acostumbrado a vivir así. Sólo de esta forma se explica que los ciudadanos se sientan satisfechos con su vida en medio de tal adversidad. Es necesario ampliar las expectativas de calidad de vida, de tal manera que se impulse una verdadera transformación.

Sólo en la medida en que creamos que merecemos vivir mejor, podremos sentar las bases para lograrlo. Si estamos contentos con tan pocos satisfactores, es difícil pretender elevar nuestra calidad de vida ¡Hagamos conciencia!

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